✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟

Capítulo 291:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Era Viola. Se inclinó para enderezarle el cuello del abrigo, y Edward no hizo ningún gesto para detenerla. Desde donde estaba, Olivia no podía distinguir su expresión. Tras intercambiar unas palabras, Viola volvió a subir al coche. Olivia vislumbró a un niño sentado dentro; Viola se asomó para acariciarle el pelo con ternura antes de subir ella misma.
Olivia apretó los puños con fuerza.
¿Era ese el «asunto importante» del que había hablado Edward?
Su imaginación se disparó y la furia le invadió el pecho.
«Déjame arreglarte la corbata…» Podía imaginarse perfectamente esas palabras.
«Hay demasiada gente aquí. Sube primero al coche. Haré que mi asistente te lleve a casa…»
𝗟а𝘴 𝘯𝗈𝗏𝖾𝗹𝗮𝘀 m𝖺́ѕ p𝘰𝘱u𝗹𝖺𝘳еѕ 𝘦𝗇 ոo𝗏𝘦𝗅𝖺𝘴4𝘧an.𝗰о𝗆
«De acuerdo.»
«Cuida de Lucas.»
«No te preocupes. Lo haré.»
Olivia vio cómo Edward entraba en el ascensor. Se quedó mirando fijamente la puerta metálica y, presa de la rabia, casi arrancó todas las hojas de la planta en maceta que tenía delante.
Las mujeres tienden a volverse irracionales cuando sospechan de una infidelidad. Sin una explicación oportuna, las cosas pueden salirse rápidamente de control.
Olivia esperó un momento antes de volver a la fiesta, pero Edward no aparecía por ninguna parte.
«Olivia», la voz de Jennifer la sacó de su enfado.
«¿Sí?». Olivia se recompuso y se volvió hacia ella.
Jennifer le tomó las manos, ansiosa.
«El señor Campbell ha vuelto. Ha ido a hablar con mi marido. Ven conmigo, tengo algo para ti».
Olivia la siguió hasta su habitación. Había tres maletas en el suelo, ya hechas.
«¿Pasa algo?», preguntó Olivia, preocupada. «¿Ha habido algún problema con el hotel?»
«No». Jennifer sonrió. «El hotel ha sido maravilloso. Hans y yo estamos muy agradecidos por vuestra hospitalidad. Nos hemos enamorado de este país. Por eso precisamente hemos decidido haceros un regalo. Te lo prometí anoche».
Olivia lo recordó al instante y la miró, sorprendida. Jennifer cogió una caja de seda morada y se la entregó, mirándola expectante.
«Ábrela».
La caja, de estilo antiguo, era rectangular y lo suficientemente pequeña como para caber en la palma de la mano. Su delicado cierre de latón brillaba bajo la luz. Olivia la abrió y encontró un pendiente de esmeralda en su interior.
«Esto es…», murmuró, atónita.
«Es para ti», dijo Jennifer con dulzura. Aunque ya había superado con creces los cincuenta, seguía siendo absolutamente encantadora y elegante. «En cuanto te conocí, supe que este pendiente estaba destinado a ti».
«Es demasiado valioso…», intentó rechazar Olivia.
No sabía mucho de joyería, pero sabía que Hans y Jennifer eran coleccionistas reconocidos. Un regalo de ellos nunca era algo corriente. Solo los conocía desde hacía dos semanas; aceptar una pieza como esta le parecía totalmente inapropiado.
Jennifer insistió, hablando en un español titubeante pero sincero.
«Tengo que dártelo».
«¿Por qué?», preguntó Olivia, confundida.
Jennifer se apartó el pelo de las orejas, se dirigió al armario y regresó con un trozo rasgado de una fotografía en blanco y negro. En ella aparecían dos niños, de unos cinco o seis años: un niño de rasgos llamativos y ojos grandes, claramente de ascendencia mixta europea y latina, y una niña que parecía una pequeña muñeca de porcelana.
«Estos son mis hijos, cuando eran pequeños».
«Son preciosos…», susurró Olivia.
Jennifer sonrió con amargura.
«Sí… lo eran. Mi hija tendría ahora casi tu edad, si aún estuviera viva. Quizá se estaría preparando para casarse. Se llamaba Olivia».
.
.
.
