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Capítulo 113:
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La doctora acomoda bien a Hailey, sus piernas bien abiertas, y ya con guantes, introdujo sus dedos en ella.
“Haber… aún falta Señora Villarreal”
“¿Qué cómo que falta? Si yo rompí fuente”
“Sí doctora, además ella está sufriendo”
“Señores, deben calmarse. Primero que todo, ella lo que hizo fue orinar y es algo normal. Y segundo, debe aguantarse los dolores porque es normal y aún van a ser más fuertes. La tendremos en observación”
“No, no doctora, entonces hágame cesárea porque no, no puedo más. La barriga me pesa, siento que mis costillas, mi cadera se parten, por favor”
“Anaaaaaaya, me duele”
“Esa es una contracción, usted puede señora Villarreal”
“Sí mi amor, tú puedes”
“Cállate Arturo, es tu culpa, tú ¿Por qué tuviste que embarazarme de tres?”
“Amor, no es mi culpa, además, tú quisiste, no lo olvides, yo solo te complacía”
“Mejor los dejamos solos un momento, estaré revisando, tranquilo”
“¿Por qué dijiste eso Arturo?”
“Amor, era para que te rías”
“Qué mal chiste”
“No me grites más, monita”
“Aaaaaaay santa madre, santo Dios, qué dolor. Cállate Arturo, me desesperas escucharte”
“Entonces me voy”
“Si sales de esa maldita puerta te juro que no vuelves a entrar y nos divorciamos”
“Por eso digo que me quedo cariño, vamos a realizar los ejercicios de respiración”
Hailey por fin se dio cuenta.
…
Una hora después…
“Doctora”, dijo Arturo con su frente sudada y con dificultad, “qué bueno revísela, yo creo que ya, porque mire cómo tengo mi mano”
“Por Dios santo”, la enfermera ordenó que curaran a Arturo, pues Hailey lo había mordido y rasguñado.
“Vamos a revisar… ya casi, ya los siento, está en posición”
“Me va a dar algo”, exclama Hailey asustada.
“Usted puede, es valiente, tranquila”
“Arturo, tú mano, rápido”
“Sí amor, pero te voy a dar la otra”
“Ah, que sea maldición, ya no aguanto, tengo sed”
La enfermera le dio de beber agua, sus labios están resecos.
“M!erda, me oriné otra vez”, dijo ella con dolor.
“No señora, ahora sí rompió fuente. Nos organizamos para parto en breve”, ordenó la doctora a sus enfermeras.
“Anaaay, sácalos, sácalos, ya no aguanto”
“Usted debe pujar, es el trabajo mayormente suyo”
“No tengo energías”
“Vamos monita, tú puedes”
“Señora, puje por favor”
Hailey muerde el brazo de Arturo, éste aguanta el dolor.
Hailey pujó con todas las fuerzas del mundo hasta que…
“Se está asomando su cabecita, ya casi. Puje con todas sus fuerzas”
Ella asintió y volvió a pujar, pero esta vez no mordió a Arturo, sino que pegó un grito que se escuchó al otro lado. Se escuchó el llanto de un bebé. Arturo casi le da algo, abrió sus ojos bien grandotes al ver la grande va de Hailey, pero ver a su bebé le dio una emoción que no pudo evitar llorar.
“Es un niño sano. Es hermoso”, dijo Hailey muy agotada, sintiendo que se iba a desmayar.
La enfermera la ayudó a que eso no pasara porque complicaría las cosas.
Mientras tanto, al bebé lo estaban limpiando.
“Señora, el otro bebé está en posición, necesito que por favor vuelva a pujar”, indicó la doctora.
“Estoy sin aliento”, dijo Hailey con dificultad, viéndose demacrada.
“Por favor, monita”, la animó Arturo.
“Es tu culpa Arturo, no volveré en mi vida a estar contigo”, exclamó Hailey con una contracción fuerte que la hizo revivir y volver a quejarse.
“Vamos, puje señora, puje”, instó la doctora.
Hailey pujó con todas sus ganas del mundo y se escuchó el llanto de otro bebé.
“Es una niña”, exclamó la doctora.
Hailey se desmayó del agotamiento.
Arturo estaba muy mal.
“Amor, Hailey despierta. El otro bebé se está asomando, hay que despertarla o se puede ahogar”, dijo preocupado.
“Hailey, señora por favor”, insistió.
La doctora le dio golpes en la mejilla y Hailey despertó agitada.
“Falta el último, por favor usted puede, vamos dos pujones más y sale”, la alentó la doctora.
“Me, me muero”, balbuceó Hailey.
“No, no digas eso monita, puja”, le pidió Arturo.
Ella hizo lo que más pudo y pujó dos veces con mucho dolor.
“Perfecto, así es, es una niña”, celebró la doctora.
Hailey decayó, y Arturo con tantas emociones se desmayó, por lo que las enfermeras le dieron primeros auxilios.
Mientras tanto, Hailey abría y cerraba los ojos, no tenía ni ganas de hablar. Ella fue atendida como debía ser para ser transferida a la habitación VIP que Arturo exigió.
…
3 meses después…
“Arturo, te toca”, dijo Hailey.
“Tengo sueño, déjame dormir”, respondió él.
“Arturo, es tu turno”, insistió ella entre sueños.
“¡Arturo!”, le gritó Hailey molesta, haciéndolo pegar un brinco.
Los trillizos lloraban desesperadamente, siendo padres les había tocado muy duro. Arturo caminó casi dormido y abrió la puerta que dividía la habitación de ellos y los niños, así lo renovó para estar más pendiente de ellos.
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